CUALQUIER DÍA.

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Cualquier día me lío la manta a la cabeza y empiezo a hacer cosas arriesgadas y excitantes, como comer fruta sin lavar o ponerme sandalias en junio en Galicia.

O puede que me haga monja. Ser monja tiene que ser comodísimo: no pagas la hipoteca, no tienes que pensar en qué ropa ponerte cada día y lo que sí puedes ponerte es morada de yemas de Santa Teresa y tartas de Santiago porque siempre llevas ropa holgada el hábito y eso no marca nada ¡Tienes la vida hecha!

O también puedo abrirme otro blog en el que os dé, por ejemplo, consejos útiles sobre el cuidado y la poda de las petunias según la estación del año.

A decir verdad no tengo ni idea de lo que haré, pero lo que sí sé, es que me dará igual tener 105 emails sin leer.

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UN 6 Y UN 4 Y TENDRÁS TU RETRATO.

Yo, que tengo un gusto exquisito, recibo el encargo de buscar ilustraciones originales y que tengan que ver con la moda, para decorar el nuevo hogar de una amiga recién divorciada.

Busco, busco y (aunque no soy madre) al final encuentro LAS ilustraciones perfectas.

Resulta que Shira Barzilay, que así se llama mi amiga esta artista israelí (el nombre de mi amiga que vuelve a estar en el mercado vamos a dejarlo en el anonimato POR AHORA), ha conseguido vivir de sus dos pasiones: el dibujo y la moda, llegando a trabajar para firmas como Roberto Cavalli o H&M.

Hace un par de años, esta señora creó su propia marca, que en un principio vendía calcomanías tatuajes temporales diseñados por ella misma, pero que ha ido evolucionando hasta ofrecer un mix de productos y colaboraciones, siempre con el toque de su seña personal ‘manual’.

Sus cositas molan un montón y podéis verlas en su cuenta de Instagram @koketit. Pocas veces un 6 y un 4, tuvieron mejor retrato.

*Vía trendland.com

DENTRO SUMMER.

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Nada indica mejor la llegada del verano, que cenar helado un helado nocturno.

Y sí, por supuesto, ayer decidí celebrar la llegada del solsticio entregando mi alma al dulce frío. Dicen que el helado es un gran antidepresivo y estoy de acuerdo, aunque yo no es que estuviese deprimida, estaba de resaca máxima un poco afligida por el no-ascenso del Depor (que en mi humilde opinión de futbolera de Palo, no era nada merecido, pero una vez en la final, siempre tienes la esperanza, oye).

El dueño de la heladería me dejó probar 2546 sabores para que yo terminara escogiendo dos bolas de chocolate. Al amable señor no debió parecerle mal la improvisada cata que me monté en su heladería, porque me puso dos bolas de chocolate más grandes que mis pechos mi cabeza. No, en serio. ENORMES. Ya con eso se me pasó la resaca se me dibujó una sonrisa feliz y envíe al Depor al cajón de objetos perdidos y olvidados de mi cerebro.

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A medida que engullía mi helado, una idea se fraguaba en mi cabeza: qué guay sería estar triste, comer helado para consolarnos y que al llorar nuestras lágrimas se transformasen en batido de chocolate, entonces chuparíamos las dulces lágrimas y ya seríamos felices 🙂 Pero después pensé que al estar felices, dejaríamos de llorar, no habría más batido de chocolate y volveríamos a estar tristes 😦

Mi conclusión de la movida: MENUDO EMPACHO la vida es como llorar helado de chocolate, la vas consumiendo y combinas momentos muy dulces con otros amargos. Esos momentos son inevitables y hay que vivirlos, disfrutarlos y/o dejarlos que pasen, pero tenemos que fijarnos en las pequeñas cositas que nos trae cada momento porque, aunque sea muy dulce, de repente y sin saber cómo, algo se escapa, se derrite y te pringa las manos y el pantalón blanco.

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P.D.: creo que tengo que volver a la heladería y preguntarle al heladero si su producto estaba adulterado con sustancias alucinógenas y la próxima vez pedirle una bola extra.

YO VUELVO.

Leyendo la nota de autor del libro de Manu de Lorenzo, ‘Todo lo demás era silencio’ que por cierto, os recomiendo poderosamente, me encontré con la siguiente poesía de Felix Grande:

Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.

Pues mire, Felix, respeto tremendamente su poesía, pero discrepo. Y se lo voy a explicar con otra poesía una ‘Oda a volver a todos laos‘:

Hay dos lugares en los que yo he sido inmensamente feliz
Uno es Toys ‘R’ Us Nueva York y otro, las islas Pitiusas
Regresar a esos lugares,
me hace sonreír hasta enseñar los molares.

Mi opinión puede estar altamente adulterada
Por mis vivencias pasadas,
Y eso que no soy el caniche de Paris Hilton
Ni mis vivencias son de purpurina platino
Pero me lo he pasado divino

Id a dónde queráis sin prisa
Os da permiso esta poetisa de Palo
Y no hagáis caso a ese señor

FIN DE LA ODA.

En resumen: siempre repito, como el alioli ibicenco, que a ver quién es el valiente que me da un beso después de comerme un kilo de alioli con pan en una terracita del puerto de Ibiza. Porque esta persona que redacta, parece muy fina y va de Influencer (ahora también de poetisa) de Palo, pero se transforma cuando el camarero le pregunta si quiere pan con alioli (nunca un ‘SÍ QUIERO’ fue pronunciado con tanta certeza, seguridad y convicción), y que si Victoria Beckham dice que España huele a ajo, pues que nos mande a su marido mi futuro amante y que ella se quede en su casa con olor a flor de loto de la India, que aquí ya estamos completos y somos mucho alioli para tan poco ajo, señora.

Apaga y vámonos.

Hoy hace 15 días que me operé, bueno, me operaron, que aunque yo soy muy apañá, no me veo capacitada para nada que no sea hacerme una escabechina auto-operarme una espinilla rebelde. Mientras me ponían la anestesia, mi cirujano (que es un ángel) me dijo: “Piensa en algo bonito que quieras hacer cuando te recuperes” y yo le dije: “IBIZA”; los médicos se rieron: “¿Estás pensando en irte a Ibiza a tomar copas? ¡Qué buen plan!” Yo, que ya estaba más dormida que despierta, respondí: “Estoy pensando en nadar en el mar turquesa, si además me traen un gin tonic, pues mejor. Ahora cuidadme mucho”. Cerré los ojos, se bajó el telón y mi ángel en la tierra (a.k.a. el cirujano) procedió a ejecutar su trabajo y ME CURÓ.

Cuando me despertaron refunfuñé porque estaba soñando con una playa maravillosa, un mojito y nada más, “Pero ¿por qué me sacáis de este paraíso con lo relajada que estoy?”. Dejé de refunfuñar en cuanto escuché en la lejanía a un señor que me decía: “Ya ha pasado todo, Palo, ha salido genial”. Ese señor era mi padre ❤️

Dos semanas después yo ya estoy estupenda. Han sido 15 maravillosos días de rápida recuperación, en una semana ya podré volver a correr y dentro de 20 días… ¡apaga y vámonos! (A Ibiza, por supuesto).