EL VESTIDO. LA VECINA. LOS MICRÓFONOS.

Muchas anécdotas de mi día a día dan para post (o eso me creo yo, que para eso soy la que decide de qué se habla aquí ¡faltaría más!); vale que no son el mejor escenario para una película de Francis Ford Coppola, pero seguro que Dani Rovira les sacaba algo de chicha en sus monólogos.

O no.

Bueno yo voy a contaros igual lo que me ha pasado, por que de verdad, la vida me provoca, me provoca para que os vaya contando trocitos de mi día a día.

Hace un par de semanas, encontré tirado en el garaje de mi edificio un vestido. No estaba en ninguna plaza en particular; estaba en la ‘carretera’, al lado de mi plaza, por lo que de ninguna manera podía adivinar a quién se le había caído el trapito. Me imagino que el vestido, o bien se deslizó de la bolsa en la que lo llevaban, o bien a su dueña y a su marido les entró un ataque de pasión y se lo quitó a lo loco en medio del garaje, estas cosas nunca se saben y tampoco voy a hablar de ello, que para eso está la de 50 sombras de Grey, que parece que va a sacar nueva novela, pues ahí te dejo el principio de un capítulo, chata.

El tema es que subí a casa con el vestido y se lo enseñé a mi señora madre. Vimos que el vestido, no era exactamente un trapito, sino que era de Prada, que diga marca  y además olía a perfume caro bueno; con marca y perfume buenos, me refiero a que yo, para poder adquirirlo, tendría que vender a mis padres, a mi hermano y hasta mi alma, así que madre, que es más buena que el pan Bimbo con bordes blancos (ÑAAAAM), me dijo:

– “Me da pena por la señora que lo haya perdido, voy a decirle al Portero que pregunte por el vecindario a ver si alguien ha perdido un vestido”.

– “Vale mamá, pero no digas la marca, que la gente es muy paleta y seguro que sale más de una ‘dueña’ espabilada”.

Hace unos días, me encontré al Portero y me dijo que había preguntado a muchas vecinas y que todas le habían dicho que no habían perdido ningún vestido, hasta esta mañana en la que me encontré con él y mantuvimos la siguiente conversación:

– “Buenos días, ¿podrías hacerle una foto al vestido? Es que hay una señora que dice que A LO MEJOR el vestido es suyo, que tiene que mirar en su armario, a ver si le falta alguno, pero que una foto le ayudaría”.

Pero ¿cómo que A LO MEJOR? Yo creo que A LO MEJOR, si ves la foto, y te gusta, daría la casualidad de que el vestido SERÍA TUYO; A LO MEJOR.

Pues ¿sabe qué le digo? Que si a estas alturas de la película, no se ha dado cuenta de que le falta ESE vestido, no es digna de él. Me lo quedo yo que con un par de arreglitos voy a ser la más guapa del baile de fin de curso.

Ay, Coppola, lo que se pierde el mundo del cine sin que tú y yo nos conozcamos…

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