CENAS DE CHICAS.

Por alguna extraña razón, el otro día llegó a mi muro de Twitter un artículo en el que el autor del mismo no entendía las llamadas “cenas de chicas”. Como consecuencia de ello, empecé a pensar por qué, de vez en cuando, nos gusta hacer reuniones gastronómicas de chicas, sin maridos, novios, amigos, ligues o hermanos. Muy sencillo.

Cuando nos juntamos, nos ponemos largas capas negras, nos pintamos con un maquillaje diabólico y practicamos hechizos y aquelarres. Nos transformamos en brujas y hacemos vudú a todo aquél que lo merezca… PUES NO. La realidad es otra. Sigue leyendo